viernes, 19 de marzo de 2010

Capítulo 1: La EPA, ámbito prioritario de la EP.

3. Principales dimensiones de la EPA.
Según el Libro Blanco de Educación de Adultos, se fijan cuatro áreas concretas, esenciales a desarrollar en una educación integral de adultos. No obstante, basándose en otras aportaciones recogidas, M.L.Sarrate, expone como dimensiones de la EPA las siguientes:
3.1. Aprendizajes Básicos.
Son el conjunto de conocimientos, valores, destrezas y actitudes que permiten desenvolverse eficazmente en la vida y servir de soporte para seguir formándose. Marín Ibáñez (1990), indica que los aprendizajes básicos no sólo aportan competencias instrumentales, (como el dominio del lenguaje o las matemáticas), sino que incluyen también las capacidades que permiten participar plenamente en el desarrollo y mejora de la calidad de vida, para lo que se requiere el concurso de sistemas de formación diversos.
3.2. Formación para la vida laboral.
Debido a las exigencias de nuestra sociedad actual, éste, es uno de los sectores educativos de mayor interés. Dicho sector, comprende, tanto la formación profesional inicial, como la ampliación y actualización de los conocimientos de índole laboral. Así por ejemplo, esta formación permite la adquisición de las llamadas "nuevas habilidades", por parte de los trabajadores. Dentro de estas habilidades encontramos la comunicación, cooperación y trabajo en equipo, la creatividad y la destreza para resolver problemas y para procesar información.
En nuestro entorno, existen tres subsistemas de formación profesional que deben actuar de una forma coordinada y global:
- Formación profesional reglada: es la formación impartida en el sistema educativo a los jóvenes.
- Formación profesional ocupacional: tiene por objeto la orientación y cualificación de las personas desempleadas.
- Formación profesional continua: se refiere a aquellas actividades formativas por medio de las cuales las personas empleadas logran cada cierto tiempo, a lo largo de su vida laboral, mejorar o adaptar sus capacidades y conocimientos a las exigencias de su profesión. En este punto, podemos destacar los procesos formativos que se desarrollan ya en las empresas.
3.3. La educación para la participación cívico-social y cultural.
Se entiende por la misma la formación para asimilar las normas y valores que facilitan la convivencia y el poder participar activamente en las actividades socio-políticas en diversas instituciones. Entre sus facetas se encuentran además de la particioación cívica, otras vinculadas a objetivos sociales de carácter ecológico, cultural o de desarrollo ciudadano...

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