miércoles, 5 de mayo de 2010

2. Respecto a las etapas en que podemos dividir la adultez (temprana, media y tardía), qué recomendaciones educativas harías para cada una de ellas.

Atendiendo a las características propias de cada periodo de la adultez, (que fueron recogidas en a modo de esquema en una de las anteriores entradas), pueden y deben establecerse acciones educativas adaptadas, que favorezcan el máximo desarrollo de las potencialidades del adulto en cada momento.

En primer lugar, si hablamos de la adultez temprana, vemos que la principal motivación existente, es el acceso al mercado laboral, por lo que las actividades educativas ofrecidas en este caso, deberían encaminarse a facilitarlo. Por tanto, lo lógico sería que mis propuestas en esta etapa giren en torno a la formación profesional de estos adultos, gracias por ejemplo, a la participación de los diferentes cursos relacionados con la formación profesional que se ofrecen desde la Junta de Andalucía.

Por otra parte, vemos que en la etapa de la adultez madura predominan características como la mayor productividad intelectual y artística, así como la consolidación de los roles sociales y profesionales, por lo que sería acertado recomendar la participación en esta edad en:

- Programas de reciclaje profesional: con el fin de readaptar los conocimientos de estas personas a las necesidades del mercado.
- Talleres de habilidades sociales: para fomentar su participación en la sociedad y la consolidación de un rol social positivo.
- Talleres de ocio y tiempo libre: con los que aprender a disfrutar de esta etapa, en la que algunas veces se da un excesivo peso a las variables relacionadas con el mercado y la economía.

Por último, con respecto a la etapa de la adultez tardía, vemos que algunas de las características más llamativas son la retirada del mundo laboral, con el consecuente vacío que esto deje a la persona, así como el empeoramiento progresivo de la salud, que podrían ser tratadas desde la educación. Así pues, desde mi punto de vista las actividades educativas de esta etapa deberían centrarse por una parte en rellenar el “hueco” que antes ocupaba el trabajo, con talleres relacionados por ejemplo con el desarrollo de manualidades o con programas de ocio y cultura, y por otra, en adaptar a estas personas a la nueva realidad que les rodea, para que no se sientan excluidas.

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